Por José Luis María D.
Hoy quiero contarte una historia, de esas cuando conoces a
los protagonistas y sus hechos se te arruga el corazón y te llenas de
impotencia.
Resulta que en el fin de semana (viernes), me encontraba en
San Francisco de Macorís haciendo diligencias personales, luego de concluir con
estas, entro a una cafetería por una botella de agua. Dentro del local, escucho un caluroso y
efusivo saludo ǃǃǃǃǃǃ JOSE LUIS MARIA, MI HERMANO ǃǃǃǃǃǃ, volteo y con los
brazos abiertos y una amplia sonrisa, veo una persona que tenía aproximadamente
cinco años no veía y que, por su trato con mi persona, podría llamar ¨amigo¨.
Apenas puedo reaccionar con la sorpresa de verle, cuando ya se fundía conmigo
en un profundo abrazo, de esos que te hacen sentir especial y querido.
No tardamos en iniciar una amena conversación en donde nos
poníamos al día de nuestras vidas dentro de una amena charla. Después de largo rato de la interesante
conversación, me hace una pregunta que me deja intrigado: ¿Supiste lo que le
pasó al hijo de fulano? (omito el nombre por respeto a los protagonistas del
suceso).
No, respondo. Y con
un drástico cambio en su tono de voz y casi susurrando me cuenta que un amigo
mutuo, persona próspera y de grandes valores, un año atrás había regalado un
moderno carro a su hijo menor, para que se desplazara a su centro de estudios e
hiciera sus diligencias personales. Del
hijo podría decir, que son de los que nació con el pan debajo del brazo, ya que
sus padres, como antes comenté, son prósperos y nunca les faltó nada y al ser
el menor, les complacían en los más mínimos caprichos que cruzaban por su joven
cabeza.
Me cuenta mi amigo, que una vez con el carro en su poder, de
dejó influenciar de algunos ¨amigos¨ para salir a dar ¨vueltas¨, hasta que se
vió involucrado en carreras clandestinas.
En una de estas carreras, ocurrió una de las tantas cosas que pueden
suceder en estos casos, se accidentó atropellando tres personas las cuales
fallecieron.
Aun el joven está en espera de una condena definitiva,
mientras su familia sufre y no encuentran el perdón de los familiares de los
difuntos.
El título de este escrito, se debe a un caso que se da más
de lo que nos podemos imaginar, en donde los padres damos a nuestros hijos
tantas facilidades y comodidades para que ¨no pasen lo que yo pasé¨, y nos
olvidamos de dar lo que en verdad nos dieron nuestros padres y tiene más valor
que cualquier objeto material, los valores, esos valores que de nuestros hijos deben
ser el norte y la cobija principal que resguarden la paz y salud de nuestros
críos.
Dios es un padre de amor, ¿cuánto no le pedimos y casi nunca
llega?, tiene el poder de hacerlo a voluntad, pero solo nos dará lo que en
realidad necesitamos y merecemos.
¨DIOS DA LO QUE NOS CONVIENE Y CUANDO NOS CONVIENE¨
DIOS TE GUARDE…
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